Uno de los acontecimientos previos al triunfo de la Revolución recogido por nuestra filatelia es la celebración del I Congreso Campesino en Armas, que tuvo lugar en territorio del Segundo Frente Oriental Frank País en 1958.
El Gobierno Revolucionario, fiel a su compromiso con el pueblo, después del triunfo del 1.° de enero de 1959, comenzó a dar pasos para estudiar todo el problema agrario a fin de elaborar la ley correspondiente que resolviera, la situación del campesinado cubano, poniéndolo en función del desarrollo agrícola que tanto necesitaba Cuba.
En ese proceso, el pueblo cubano donó propiedades, dinero, hizo trabajos voluntarios y otras actividades de recaudación de fondos, para que cuando fuera aprobada la ley correspondiente se pudieran adquirir los medios necesarios con los cuales apoyar a los campesinos que se convertirían en dueños de la tierra.
Uno de los donantes fue un humilde hijo del Cerro habanero que tuvo la gloria de llegar a la cima del boxeo rentado. No es otro que el Negrito del Cerro, como también se conocía popularmente a nuestro Eligio Sardiñas Montalvo, el Kid chocolate, quien entregara el 9 de mayo de 1959 al Comandante en Jefe su faja de campeón mundial junior peso ligero, la que ostentaba por 25 años.
El 12 de mayo de 1959 se celebró una sesión extraordinaria del Consejo de Ministros en la que se consideró de nuevo el proyecto de Ley de Reforma Agraria que ya se había aprobado en sesión del día 5 del propio mes.
El compañero Fidel, en su carácter de primer ministro, convocó a la próxima sesión para el día 17 en la Comandancia General del Ejército Rebelde, en La Plata, Sierra Maestra.
Ese día se aprobó la ley que benefició a más de cien mil familias campesinas en todo el país, eliminando el latifundio y la concentración de tierras en manos de intereses extranjeros, fundamentalmente de Estados Unidos, y de la antigua clase dominante cubana.
La ley dispuso también la creación del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) para aplicar toda la legislación relativa a dicha reforma. El Instituto quedó constituído oficialmente el 4 de junio en una ceremonia que tuvo lugar en un edificio al que le daban los toques constructivos finales, situado en la Plaza de la Revolución habanera, a donde se mudaron, además del INRA, las oficinas del Primer Ministro y el entonces Ministerio de Defensa. Ese edificio posteriormente, y hasta hoy, alberga al Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR).
El Comandante en Jefe quedó al frente de la nueva e importante institución, hasta 1962 que asumiera esa responsabilidad el destacado revolucionario e intelectual cubano Carlos Rafael Rodríguez. El capitán Antonio Núñez Jiménez fue el director ejecutivo, mientras que el comandante Ernesto Che Guevara asumió la jefatura del departamento de industrialización.
Esta institución resultó ser estratégica porque estableció la política azucarera del país, la expropiación de latifundios y el pago por los mismos a sus antiguos dueños, así como las nacionalizaciones de empresas privadas relacionadas con la reforma agraria.
Mediante las Zonas de Desarrollo Agrario (ZDA), el INRA pudo controlar la aplicación de la reforma agraria en todos los lugares del país, promover la creación de cooperativas agropecuarias y apoyar al campesinado para el cumplimiento de todos los planes agrícolas y pecuarios.
En el primer despacho que tuvo Fidel con el delegado de la ZDA en la antigua provincia oriental, le indicó que la primera finca a entregarle a los campesinos tenía que ser la de su familia. Así lo había adelantado a los moradores de Birán el 24 de diciembre de 1958, cuando fue a visitar a su mamá después de largo tiempo sin verla debido a sus actividades revolucionarias.
El INRA dio paso en 1976 al Ministerio de la Agricultura (MINAG). Ya desde 1961 su departamento de industrialización había devenido en Ministerio de Industrias.
Lógicamente, para mantener la organización de esos miles de campesinos a los cuales se les entregaba tierras, coordinar sus planes de producción y dar atención a esa fuerza revolucionaria, era necesario contar con una organización y ellos mismos decidieron fundar la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) en 1961.
Desde entonces, los campesinos cubanos, agrupados de las diferentes formas que ellos han seleccionado: productores individuales, en cooperativas, trabajando como asalariados para entidades agropecuarias estatales y ahora con las nuevas formas de gestión, se han mantenido como un firme baluarte de defensa de la Revolución, que es decir, en defensa de sus propios derechos alcanzados.
Todos conocemos los problemas que hemos estado afrontando en nuestro país por las medidas coercitivas impuestas por el gobierno estadounidense. A nuestros campesinos les falta la electricidad, el combustible, el abono, los medios técnicos con los cuales contaron en un momento determinado, pero mantienen la determinación de seguir adelante.
Este pequeño embajador —como denominara nuestro José Martí al sello postal— nos muestra que ahora se vuelve a lo rústico, siempre y cuando eso nos permita cumplir los planes, producir para el pueblo y mantener el país; y esa es la posición de nuestro campesinado.
Quienes utilizamos los sellos y elementos postales en la educación, la cultura, de complemento del estudio de la historia, nos sentimos halagados porque nuestras emisiones, esta muestra y muchas otras recogen el quehacer de nuestros campesinos, rinden tributo a esos hombres y mujeres que de sol a sol andan hacia adelante, garantizando el sostén del país.
La filatelia y los campesinos cubanos
Sellos y elementos postales recogen el quehacer de nuestros campesinos, rinden tributo a esos hombres y mujeres que de sol a sol andan hacia adelante, garantizando el sostén del país...
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