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martes, 8 de septiembre de 2026

Diseñar la ciudad del futuro desde la distancia

Una asignatura impartida en 2026 a estudiantes de Arquitectura y Urbanismo se convirtió en un ejercicio de diseño urbano, pero también de perseverancia frente a los apagones, la limitada conectividad y las dificultades para coordinar el trabajo colectivo...

Maya Ivonne Quiroga Paneque en Exclusivo 06/09/2026
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Ciudad del futuro
Ciudad del futuro (Cortesía del proyecto más destacado de las estudiantes Talía Méndez y Leidy Laura González)

Imaginar una nueva ciudad entre la Villa Panamericana y el reparto Camilo Cienfuegos, en La Habana del Este, fue el reto planteado a estudiantes de Arquitectura y Urbanismo durante el Taller Integral de Proyecto V (TIP V). Sin embargo, el diseño de calles, parques, viviendas y sistemas de movilidad no fue el único desafío: el curso se desarrolló de manera no presencial, en medio de un complejo contexto energético que condicionó cada consulta, cada plano y cada entrega digital.

La asignatura, que tiene como jefa a la profesora Niurka Martínez Lemagne, asume una mirada desde la que demandan buenos resultados. La evaluación le imprimió una tensión adicional al proceso docente en estas condiciones excepcionales.

Durante el semestre, la docencia a distancia transformó la dinámica habitual de una asignatura que depende, en gran medida, de la observación directa del sitio, el intercambio continuo con el profesorado y el trabajo colaborativo entre estudiantes. Las herramientas digitales, los chats de WhatsApp, los documentos PDF, las llamadas y las aplicaciones de mapas sustituyeron, en buena medida, las visitas al terreno y las sesiones de corrección en el aula.

La orientación del ejercicio fue "muy abierta y flexible", con el propósito de permitir que los estudiantes imaginaran "la ciudad del futuro con las soluciones a los problemas del hoy". "El proyecto debía pensar en el transporte, la movilidad, la accesibilidad y la variedad y calidad de los espacios públicos", señalaron los profesores. La propuesta consistía en desarrollar un plan parcial de urbanización para un área poco consolidada de La Habana del Este, y posteriormente seleccionar una manzana para diseñarla con mayor nivel de detalle.

Un proyecto de ciudad resiliente

El curso siguió los contenidos establecidos en el programa oficial de la asignatura, pero incorporó enfoques actuales de resiliencia urbana, sostenibilidad y movilidad activa. En una primera etapa, los estudiantes debían analizar el sitio a partir de referentes como Jane Jacobs, Kevin Lynch, Gordon Cullen y Jan Gehl, autores fundamentales para comprender la vida urbana, la imagen de la ciudad y la importancia del espacio público.

También aplicaron metodologías de diagnóstico como las matrices DAFO y CAME, así como recursos de representación gráfica mediante pancartas conceptuales en formatos A1 y A2.

En el segundo momento del ejercicio, los equipos proyectaron estrategias de usos mixtos, corredores verdes, movilidad peatonal y ciclista, sistemas de drenaje urbano sostenible, parques esponja y pavimentos permeables. El objetivo era responder a problemas contemporáneos: las islas de calor, las lluvias intensas, los huracanes, la penetración del mar y la necesidad de crear espacios públicos inclusivos.

La etapa final llevó el trabajo a la escala de la manzana. Allí se abordaron el diseño del espacio público, la accesibilidad universal, los pavimentos podotáctiles, el mobiliario urbano, la arquitectura bioclimática, las fachadas verdes, las cubiertas productivas y las redes técnicas de agua, electricidad, telecomunicaciones y gestión de residuos.

Aprender a leer un lugar sin pisarlo

Para Talía Méndez Cañedo, estudiante de Arquitectura, uno de los mayores desafíos consistió en "aprender a leer un espacio sin pisarlo". La estudiante recuerda que el área de estudio se localizaba en La Habana del Este y que, incluso para varios alumnos residentes en la capital, resultó difícil realizar mediciones y visitas al lugar debido al transporte.

"Nos vimos obligados a apoyarnos, en su mayoría, en las aplicaciones y el internet", afirmó Méndez. Junto a su compañera Leidy Laura González Dávila, residente también en Matanzas, recurrió a bibliografías, Google Maps y otros recursos digitales para reunir la información necesaria.

Las estudiantes lograron buenos resultados en la entrega final, pero el proceso estuvo marcado por la situación energética. "Trabajar en la laptop para la entrega digital era complicado, porque queríamos mostrar lo mejor posible los resultados de nuestros análisis, con renders realistas y buena calidad visual de las pancartas", explicó González.

Aunque contaban con paneles solares y baterías, estos recursos no siempre alcanzaban para sostener varias horas de trabajo. "Teníamos que despertar de madrugada, a la hora que pusieran la corriente, y continuar", relató. A ello se sumaron las caídas del Sistema Eléctrico Nacional, que obligaron a posponer más de una vez las fechas de entrega.

Méndez considera que, pese a las dificultades, la experiencia dejó aprendizajes importantes. "Ganamos autonomía, aprendimos a resolver con lo que teníamos y a ser autodidactas ante una situación nueva", expresó. Para ella, el espacio físico sigue siendo irremplazable en la formación del arquitecto, pero el oficio también exige reinventar los medios para imaginar y construir la ciudad.

Conexión, energía y trabajo en equipo

Daniela Cruz Rivero calificó el semestre como un reto tanto para los estudiantes como para el claustro. A su juicio, la modalidad no presencial limitó una de las principales ventajas de la enseñanza presencial: la interacción directa entre alumnos y profesores.

"Los mayores obstáculos fueron fomentar el trabajo en equipo cuando las conexiones no permitían del todo la comunicación entre los miembros del grupo, tanto entre estudiantes como entre estudiantes y profesores", comentó.

La joven señaló que los apagones condicionaron la organización de las jornadas de estudio. En ocasiones, era necesario aprovechar la luz solar para trabajar a lápiz y confiar en que las computadoras mantuvieran suficiente batería para continuar con la parte digital. Esa realidad provocó que varias entregas fueran postergadas.

No obstante, Cruz Rivero destacó la actitud del profesorado. "Nos enviaban a los chats grupales los materiales de estudio, libros, enciclopedias y conferencias, todo en un mismo lugar para que pudiéramos revisarlo cuando lo necesitáramos", explicó. Según su testimonio, los docentes mantuvieron abiertos los canales para responder preguntas y aclarar dudas, dentro de las posibilidades que imponían las condiciones de conectividad.

Mariela González Collazo, quien desarrolló la etapa final del proyecto junto a Raiko Acosta López, coincidió en que TIP V demanda normalmente numerosas consultas presenciales. "Es una asignatura que lleva bastantes correcciones directas con el profesor, para detectar errores y guiar el proceso, y a distancia es muy complicado", afirmó.

El trabajo inicial se realizó en equipos de seis estudiantes, procedentes de territorios que iban desde Pinar del Río hasta Matanzas. Coordinar las tareas, intercambiar archivos pesados y llegar a las entregas requirió días de esfuerzo para resolver actividades que, en condiciones normales, habrían tomado solo algunas horas de trabajo conjunto.

"Todo era digital y los programas consumen mucha batería. Solo podíamos trabajar en los pequeños momentos en que teníamos corriente", contó González Collazo. Las consultas se realizaron por WhatsApp, mediante mensajes, imágenes y archivos PDF, con el consecuente gasto de datos móviles.

La carga desigual del proyecto

La experiencia de Claudia Angarica Domínguez, del taller 32, ilustra otra de las tensiones que enfrentó la modalidad a distancia: la desigual participación dentro de los equipos. Como estudiante reincorporada, se enteró del inicio de la asignatura varias semanas después y tuvo que sumarse al grupo con menos integrantes.

"Me incorporé a un equipo que tenía solo tres personas, pero de ellas apenas una estaba pendiente al TIP", recordó. En las primeras entregas, gran parte del trabajo recayó sobre ella y otro estudiante, mientras una tercera integrante enfrentaba una situación familiar compleja.

Las barreras tecnológicas acentuaron el problema. Angarica Domínguez, residente en Matanzas, relató que en su zona la disponibilidad eléctrica era muy reducida, mientras su compañera en La Habana solo podía conectarse en horarios específicos. Para avanzar, ambas tuvieron que trasladarse y reunirse presencialmente en ocasiones, aun cuando el costo del transporte representaba un gasto significativo.

La entrega final coincidió con varias caídas del Sistema Eléctrico Nacional. Sin electricidad tampoco había conexión, ni posibilidad de buscar referencias, enviar archivos, realizar llamadas o comprimir las pancartas digitales antes de remitirlas. Algunas de esas láminas superaban los 100 megabytes y una llegó a alcanzar más de 300 megabytes.

"Estábamos temblando después de tanto trabajo, porque no podíamos enviarlo por el peso de los archivos", relató. Finalmente, con una prórroga y la comprensión del profesorado, lograron completar la asignatura.

Los estudiantes agradecen a los profesores, que tuvieron una paciencia infinita y así pidieron terminar el curso.

Una enseñanza marcada por la adaptación

El semestre confirmó que la modalidad no presencial puede sostener procesos docentes mediante el uso de recursos digitales, la flexibilidad en las orientaciones y el acompañamiento del profesorado. Pero también reveló sus límites en disciplinas como Arquitectura y Urbanismo, donde el diálogo directo, la visita al sitio, la corrección inmediata y la producción colectiva son parte esencial de la formación.

Las dificultades energéticas, la escasez de datos móviles, el peso de los archivos, los problemas de transporte y la desigual participación en algunos equipos elevaron la exigencia del curso. Aun así, los estudiantes lograron presentar propuestas urbanas que respondían a desafíos reales de la ciudad contemporánea: movilidad, accesibilidad, sostenibilidad, clima y calidad de vida.

Desde la distancia, los futuros arquitectos no solo imaginaron una ciudad posible entre la Villa Panamericana y Camilo Cienfuegos. También aprendieron a proyectar bajo presión, a organizarse en condiciones adversas y a defender sus ideas con los recursos disponibles.


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Maya Ivonne Quiroga Paneque

Periodista, locutora, guionista y directora de radio y televisión


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