Una instantánea en el Malecón fue el anunció del reencuentro, del abrazo de dos iconos de la canción latinoamericana, de las más comprometida y fraternal. Alineación de dos astros espirituales, con muy cercanas órbitas estéticas y políticas. Poetas desafiantes, creadores consecuentes, defensores de un arte enaltecedor, de un discurso inteligente y hermoso. Dos de los más versátiles compositores de los últimos 100 años. Emblemáticos representantes de lo más lírico y orgánico de sus respectivas culturas.
La noticia se esparció como chispa por las redes digitales y resonó como un haz de expectativas en sus miles de admiradores. El brasileño Chico Buarque estaba en La Habana para grabar una canción con su viejo amigo Silvio Rodríguez. Un resplandor azulado ante tanta grisura.
“Treinta y cuatro años después de su última visita a Cuba, Chico Buarque aterrizó en La Habana ayer por invitación del cantante y compositor Silvio Rodríguez, uno de los principales exponentes de la llamada Nova Trova Cubana. En medio de las sanciones más duras contra la isla y el empeoramiento de la crisis económica y energética, el viaje se realiza en solidaridad con la gente del país.
Amigos desde hace más de cinco décadas, los dos entran mañana al estudio para grabar una nueva versión de Sueño con Serpientes, un clásico del repertorio de Silvio, del cual el artista brasileño ya había vertido en portugués y grabado otras canciones. Pista disponible pronto en todas las plataformas musicales.
La visita fortalece los lazos entre dos nombres centrales de la canción latinoamericana, históricamente vinculados por afinidades estéticas y compromiso político en el continente. Junto a su esposa, la abogada Carol Proner, Chico también donó medicamentos esenciales al Ministerio de Salud cubano.
“Vino a grabar una canción con nosotros” –añadió el trovador cubano en su blog.
Al otro día, ya estaban todos juntos en los Estudios Ojalá. El de la iniciativa solidaria y los anfitriones, músicos y técnicos convocados por Silvio: Niurka Gonzales en la flauta, Jorge Reyes en el contrabajo, Malva Rodríguez al piano, Oliver Valdés en la batería y arreglos de Jorge Aragón. El local, durante dos jornadas, devino en nido creativo para el nuevo vuelo de "Sueño con serpientes".
Todo se armó en pocos días. Hace unas semanas, en días en que el ogro naranja vociferaba con prepotencia que podría hacer “lo que quisiera” con Cuba, Chico volvió a escuchar “Sueño con serpientes”, en la versión antológica que Mercedes Sosa y Milton Nascimento grabaron en 1980. En la madrugada del 7 de abril, voló rumbo a La Habana.
Por ahí circulan las capturas y las notas de Kaloian Santos Cabrera. Son como nuevos registros de una amistad cultivada, de admiración mutua y alegrías revividas. Lo que acaban de revitalizar Chico y Silvio es un lazo de afectos con más de 50 años, de abrazos entrecruzados, a Silvio y a La Habana, y a otros cubanos y al alma irredenta de Cuba, de este archipiélago de creatividad y resiliencia.
Chico llegó por primera vez a nuestro país en 1978. Aunque no vino como cantante, sino como jurado del Premio Literario de Casa de las Américas, por su faceta de dramaturgo y novelista. Fue entonces que conoció a Silvio Rodríguez, como a otros de los fundadores de la Nueva Trova, como Pablo Milanés y Noel Nicola. Lo rememoraron por estos días en la mismísima Casa de las Américas.
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Tras regresar de aquel primer viaje, en el aeropuerto de Río de Janeiro, fue detenido por la Policía Federal y trasladado a una dependencia del Departamento de Ordem Política e Social, uno de los engranajes centrales del aparato represivo. Lo interrogaron y hostigaron durante horas. No sirvió de escarmiento, al año siguiente, volvió acompañado por otros valiosos músicos.
Regresaría varias veces durante los años ochenta y hasta 1992 que fue la última vez que nos visitó.
“Hasta el mar de La Habana es lo mismo, pero / no es igual”, canta Buarque al final de su bolero “Casualmente”, incluida en Caravanas (2017). En el tema se percibe un guiño a “Pequeña serenata diurna”, de Silvio. La canción originalmente publicada en el álbum Días y flores (1974), fue incluida luego en el disco Chico Buarque (1978), el mismo que contiene sus himnos “Cálice” y “Apesar de você”.
A lo largo de estos años Chico y Silvio se mantuvieron en contacto y compartieron escenario en varios países. La última vez que estuvo Silvio en Brasil fue en 1986. Viajo de Buenos Aires a Río de Janeiro para participar en el programa de televisión Chico & Caetano, de la Rede Globo. La última vez que se abrazaron fue en 1997, para un multitudinario concierto en homenaje al Che Guevara en el estadio de Ferro, en Buenos Aires.
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El hijo del historiador Sérgio Buarque de Hollanda y de la pianista Maria Amélia Cesário Alvim nació en Río de Janeiro, en 1944. Desde muy joven irrumpió en la escena musical de su país.
Chico Buarque de Hollanda es parte de una corriente renovadora conformada por otros contemporáneos tales como Gilberto Gil, Milton Nascimento o Caetano Veloso; los que expanden el asidero conceptual y estético de su compatriota João Gilberto, en cuanto a la manera de asumir sus canciones. Donde lo poético funge como el eje del discurso musical. Con su voz desgarrada y melodiosa, ha sabido moldear un estilo sonoro, por el que se reconoce en su país y en otros lares del planeta.
En tiempos de la dictadura militar brasileña, Chico se convirtió en una de las más lúcidas voces de la resistencia cultural. Su nombre resultó vigilado y parte de sus obras fueron censuradas. En 1969, tras haber sido detenido, se exilió en Roma, donde siguió escribiendo y componiendo. A su vuelta a Brasil, en 1970, no claudicó. Y siguió tejiendo una carrera fecunda y consecuente.
De un tiempo acá, Buarque está alejado de los escenarios y no protagoniza giras. Solo aparece como invitado en conciertos de sus colegas. Hace tres años, recibió en Portugal el premio Camões, el máximo galardón de la lengua portuguesa, que le había sido negado por Jair Bolsonaro.
“Sueño con serpientes” es uno de los clásicos del vasto repertorio de Silvio, de los solicitados en sus conciertos. Fue escrita cuando Silvio apenas superaba los 20 años. Incluida en su disco Días y flores, cuenta con varias versiones a lo largo del tiempo, la de Mercedes Sosa, con arreglos de Charly García; a dúo con Luis Eduardo Aute; la de León Gieco junto a la murga uruguaya Agarrate Catalina, y la de la banda española de indie-pop Bruna. Incluso ha sido traducida a otros idiomas.
El trovador ha contado que por entonces dormía con una guitarra y un grabador al lado de la cama: se despertó sobresaltado y, de un tirón, escribió letra y melodía. De ahí, su atmósfera onírica, surrealista.
“Es una canción sin familia´, me dijo Sabina, y quizá tenía razón. La escribí de madrugada, porque la soñé: soñé las serpientes tragándome y soñé la música medio árabe que tiene, con el bajo en clave de son y todo. La cita de Brecht se la puse como brújula, porque si hoy resulta misteriosa, cuando la hice era desconcertante. Entonces parecía demasiado críptica, y yo necesitaba de un recurso para darle sentido. Y confieso que el sabio de Brecht empezó su ayuda por mí mismo”, comentó alguna vez Silvio.
En la canción las serpientes simbolizan desafíos, tentaciones, fuerzas opresoras, vicios: “Sueño con serpientes, con serpientes de mar,/ Con cierto mar, ay, de serpientes sueño yo/ Largas, transparentes, y en sus barrigas llevan/ Lo que puedan arrebatarle al amor.” Es una metáfora sobre la lucha interna ante los propios miedos, frente a las amenazas y sobre la capacidad de enfrentar adversidades crecientes sin ceder en lo esencial, sin abandonar la poesía y la verdad: “… se destruye/Cuando llego a su estómago/ Y planteo, con un verso, una verdad”.
Eso pasará con las serpientes, con las amenazas que se ciernen sobre nosotros. Se destruirán, si mantenemos como El Necio, nuestro optimismo y voluntad, de defender la patria, de ser cultos y prósperos con nuestros propios esfuerzos y creatividad.
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Con el respaldo solidario de amigos como Chico Buarque, quien viajó con su esposa, la jurista Carol Proner, y el hijo de esta, Francisco, que firma las fotos con que se supo de este abrazo de cantautores. Ellos, trajeron una carga de afectos y unas maletas llenas de medicamentos para donar. A finales de febrero, se sumaron, junto al Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra, al envío de un primer cargamento de 1,7 toneladas de medicamentos a hospitales de Santiago de Cuba.
La “Isla de la Música” no está sola y sigue en pie, frente aviesas serpientes.

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