El cáncer renal es una condición en la que las células del tejido del riñón comienzan a multiplicarse de forma anómala y descontrolada, dando lugar a un tumor canceroso. Usualmente, este tipo de cáncer surge en los túbulos renales, que son las estructuras responsables de filtrar la sangre y generar orina. Esta enfermedad puede no presentar síntomas en sus fases iniciales y, conforme avanza, puede ocasionar señales como presencia de sangre en la orina, dolor en la parte baja de la espalda o pérdida de peso.
Hay diferentes tipos de cáncer renal, siendo los más destacados tres: el carcinoma de células renales (CCR), que es el más frecuente y representa entre el 85 y el 90 por ciento de los casos; el carcinoma urotelial, que afecta a la pelvis renal y es similar al cáncer vesical; y el tumor de Wilms, que es menos común y se presenta casi exclusivamente en niños. Dentro del CCR también existen subtipos, como el de células claras, papilar y cromófobo, cada uno con sus propias características biológicas.
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Manifestaciones del cáncer renal
El cáncer renal puede manifestarse de varias maneras, y muchas veces no provoca síntomas en sus primeras etapas. A menudo, se descubre de forma accidental durante exploraciones por otros motivos, como ecografías o tomografías debido a dolor abdominal, revisiones antes de cirugías o estudios de seguimiento. Este tipo de descubrimiento fortuito se ha vuelto más habitual gracias a la amplia utilización de técnicas diagnósticas modernas.
Una presentación clásica se conoce como la tríada típica: sangre en la orina (hematuria), dolor en el costado o la parte baja de la espalda, y una masa palpable en el abdomen o flanco. Sin embargo, esta combinación se observa en un pequeño porcentaje de pacientes y generalmente indica un estadio más avanzado de la enfermedad. La hematuria puede ser intermitente y no siempre es visible, y el dolor suele ser consecuencia del crecimiento del tumor o del sangrado en el riñón.
Otra forma de presentación incluye síntomas generales o sistémicos, tales como pérdida de peso sin razón aparente, fiebre prolongada sin causa conocida, fatiga extrema y anemia. Estos síntomas son producto de sustancias que el tumor genera o de la respuesta del organismo ante el cáncer. En ocasiones, el cáncer renal provoca síndromes paraneoplásicos, como hipertensión, hipercalcemia o alteraciones hepáticas, que pueden ser indicios importantes para el diagnóstico.
Finalmente, el cáncer puede manifestarse a través de signos relacionados con metástasis cuando la enfermedad se ha diseminado a otros órganos. Los pulmones son un lugar común donde puede causar tos persistente o dificultad para respirar; en los huesos puede originar dolor o fracturas; y en el cerebro, puede manifestarse con síntomas neurológicos como dolores de cabeza o alteraciones neurológicas. En estos casos, los síntomas que no están relacionados con el riñón pueden ser la primera señal de la enfermedad.
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